miércoles, 11 de septiembre de 2013

Aniversario de la fundación del Consejo de Exalumnos / ASEUIA



Mensaje Mtro. Guillermo Martínez de Velasco Josselin
Presidente Fundador del Consejo de Exalumnos
En ocasión del 30 Aniversario de su Fundación.

Buenas noches a todos
Como ustedes saben, nos hemos damos cita hoy para celebrar 30 años de haber institucionalizado la relación de la Ibero con sus exalumnos, al haberse fundado en ese entonces el Consejo de Exalumnos de la Universidad  hoy  ASEUIA,  el  cual  inicialmente  contó  con  la  participación  de    11  sociedades  de exalumnos.

Nombres como los de Sergio Niño Estrada, Juan Gómez Gallardo, Jesús Ortiz Haro y Jorge Hoth Pego recuerdan aquellos que con su esfuerzo y personal dedicación integraron  la primer mesa directiva que tuve el honor y orgullo de presidir. Justo es recordar también a quienes nos brindaron su apoyo tanto como autoridades como en su carácter de miembros de la Compañía de Jesús, el Dr. Ernesto Domínguez Quiroga como Rector y al Lic. David Hernández   Director de Relaciones Públicas y,   por supuesto, a quienes le siguieron en tales labores en la Oficina de exalumnos hoy representada con gran empeño por Lourdes Esperón.

Cabe destacar que los egresados somos casi tan antiguos como la institución misma, habida cuenta que tuvo que graduarse una generación para haber logrado concebir este término y, a fin de cuentas, todo el que transita por sus aulas y termina un programa pasa a compartir este calificativo, de manera que éste, está destinado a ser el número de personas más representativo dentro de las distintas comunidades que conviven en la Universidad hoy y siempre.

Esto conlleva una reflexión nada sencilla para quienes tuvimos el privilegio de habernos educado en la institución y por los maestros de la misma, ¿Quien da a quién? ¿es la Institución quien debe dar a sus alumnos hoy exalumnos o son estos últimos quienes debemos dar a ella? Y en su caso, ¿qué le corresponde a cada quién?

¿Acaso las funciones de la Universidad, su cuerpo académico y autoridades se circunscriben a las de informar, formar y en mejor grado educar? Con la dinámica actual, ¿esto sigue siendo posible en cada una de estas áreas y con todos sus alumnos? ¿Es esto en última instancia a lo que está obligada?

San Ignacio decía   Entramos para aprender, salimos para servir, APRENDER es decir adquirir los conocimientos y experiencias que en las aulas y en el campus, maestros y Jesuitas ponían a nuestra entera disposición para aprovecharnos de ellas, si bien él también decía que no satisface el saber mucho, sino el sentir y gustar internamente de las cosas. Y SERVIR, ser de utilidad, valer para los demás.

Tal vez estas dos simples palabras den respuesta a la reflexión planteada, APRENDER y SERVIR, aprender aquello que necesitamos para el servicio de los demás, lo académico, lo espiritual, lo moral, lo ético y no como partes sino como un todo que nos permite ser una mejor persona dispuesta a SERVIR, a dar a los demás en la medida que algo poseemos y podemos transmitir o compartir.

El amor se ha de poner más en las obras que en las palabras decía San Ignacio y con esto queda claro que es con el actuar como damos cuenta de lo que aprendimos y de cómo estamos dispuestos a compartir con los demás aquello que podamos y no por petición sino por convencimiento de servir a los demás, no se trata de un Quid pro quo sino de dar sin buscar retribución específica alguna.

Hasta aquí si nos examinamos a nosotros mismos y a nuestros amigos y excompañeros, podríamos evaluar cuánto supimos tomar de la Ibero, cómo lo hemos aprovechado y a quiénes hemos servido. El resultado seguramente se dará en una gran escala y finalmente nos llevará a concluir que nuestros primeros pasos profesionales, se dieron basados en lo que supimos tomar de nuestra Universidad, y que nuestro crecimiento como personas y profesionistas seguramente se vio influenciado por todo aquello que vimos, vivimos y compartimos durante el tiempo que pasamos por sus aulas.


¿Podríamos decir entonces que ambas partes han cumplido con su cometido, la Ibero en darnos las bases que nos han ayudado a ser quienes somos y nosotros, en haber servido a los demás? La primera podría ser una aseveración y la segunda acaso una intención con diferentes resultados  y matices dada nuestra naturaleza humana.

Seguramente cada uno nos estamos preguntando ¿qué tanto he servido realmente a los demás? y ¿qué tanto reconozco que la Ibero me dio las bases de lo que ahora soy?
Es muy común que, con respecto a la Ibero y sus actividades, los exalumnos no estén lo más implicados que se quisiera y es aquí donde hay un paso que dar por nuestra parte, pasando de la indiferencia al interés. Que nosotros hagamos la diferencia pues, estoy seguro, que la Ibero responderá en la misma medida buscando más y mejores actividades que permitan una mayor cohesión e intereses comunes.

Si decíamos que somos el grupo más numeroso de personas dentro de la comunidad, toca a nosotros hacer la diferencia, apoyar a nuestras respectivas sociedades de exalumnos lo cual permite crear una mayor representatividad ante la universidad ya que esa filiación, por consecuencia, promoverá el estrechar aún más el vínculo de la Universidad con nosotros sus exalumnos.

Si bien la Universidad tendrá sus limitaciones en cuanto a recursos de todo tipo se refiere para dar una mayor atención a nuestros intereses, también debemos considerar que nuestro apoyo a la Ibero en todos sentidos es una retribución a lo recibido y una inversión para lograr que muchos otros obtengan lo mismo que  nosotros  y  que  nosotros  mismos  obtengamos  aún  más  de  nuestra  casa  de  estudios,  ya  que fortaleciendo su nombre nos fortalecemos también como sus exalumnos.

Atender a sus eventos, promover su nombre e imagen, divulgar sus logros y los de los integrantes de su comunidad,  dar ideas  y consejo,  contratar a sus egresados, apoyar proyectos de investigación y su equipamiento son solo algunas de las tareas que podemos tomar para servir mejor a la Ibero y a los demás.

Hoy a 70 años de fundada nuestra universidad y a 30 de la integración de sus exalumnos en un solo cuerpo, me congratulo de haber elegido a la Ibero para estudiar en ella, agradezco el apoyo que nos brindaron para la creación del entonces Consejo de Exalumnos y hago votos para que el vínculo entre la institución y sus exalumnos se haga cada vez más fuerte.

Finalmente quisiera despedirme con una frase de uno de mis maestros, miembro de la Compañía de Jesús quien, al responder a la queja de alguien con respecto al poco tiempo que tenía para algo le dijo, nadie tiene tiempo para nada excepto para las personas y actividades de nuestra preferencia.
Les invito pues a hacer a la Ibero y a las sociedades de Exalumnos alguien de su preferencia.

Muchas gracias

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