Mensaje Mtro. Guillermo Martínez de Velasco Josselin
Presidente Fundador del Consejo de Exalumnos
En ocasión del 30 Aniversario de su Fundación.
Buenas noches a todos
Como ustedes saben, nos hemos damos cita hoy para celebrar 30
años de haber institucionalizado la relación de la Ibero con sus exalumnos, al
haberse fundado en ese entonces el Consejo de Exalumnos de la Universidad hoy
ASEUIA, el cual
inicialmente contó con
la participación de
11 sociedades de exalumnos.
Nombres como los de Sergio Niño Estrada, Juan Gómez Gallardo,
Jesús Ortiz Haro y Jorge Hoth Pego recuerdan aquellos que con su esfuerzo y
personal dedicación integraron la primer
mesa directiva que tuve el honor y orgullo de presidir. Justo es recordar
también a quienes nos brindaron su apoyo tanto como autoridades como en su
carácter de miembros de la Compañía de Jesús, el Dr. Ernesto Domínguez Quiroga
como Rector y al Lic. David Hernández
Director de Relaciones Públicas y,
por supuesto, a quienes le siguieron en tales labores en la Oficina de
exalumnos hoy representada con gran empeño por Lourdes Esperón.
Cabe destacar que los egresados somos casi tan antiguos como
la institución misma, habida cuenta que tuvo que graduarse una generación para
haber logrado concebir este término y, a fin de cuentas, todo el que transita
por sus aulas y termina un programa pasa a compartir este calificativo, de
manera que éste, está destinado a ser el número de personas más representativo
dentro de las distintas comunidades que conviven en la Universidad hoy y
siempre.
Esto conlleva una reflexión nada sencilla para quienes
tuvimos el privilegio de habernos educado en la institución y por los maestros
de la misma, ¿Quien da a quién? ¿es la Institución quien debe dar a sus alumnos
hoy exalumnos o son estos últimos quienes debemos dar a ella? Y en su caso, ¿qué
le corresponde a cada quién?
¿Acaso las funciones de la Universidad, su cuerpo académico y
autoridades se circunscriben a las de informar, formar y en mejor grado educar?
Con la dinámica actual, ¿esto sigue siendo posible en cada una de estas áreas y
con todos sus alumnos? ¿Es esto en última instancia a lo que está obligada?
San Ignacio decía Entramos
para aprender, salimos para servir, APRENDER es decir adquirir los
conocimientos y experiencias que en las aulas y en el campus, maestros y
Jesuitas ponían a nuestra entera disposición para aprovecharnos de ellas, si
bien él también decía que no satisface el saber mucho, sino el sentir y gustar
internamente de las cosas. Y SERVIR, ser de utilidad, valer para los demás.
Tal vez estas dos simples palabras den respuesta a la
reflexión planteada, APRENDER y SERVIR, aprender aquello que necesitamos para
el servicio de los demás, lo académico, lo espiritual, lo moral, lo ético y no
como partes sino como un todo que nos permite ser una mejor persona dispuesta a
SERVIR, a dar a los demás en la medida que algo poseemos y podemos transmitir o
compartir.
El amor se ha de poner más en las obras que en las palabras
decía San Ignacio y con esto queda claro que es con el actuar como damos cuenta
de lo que aprendimos y de cómo estamos dispuestos a compartir con los demás
aquello que podamos y no por petición sino por convencimiento de servir a los
demás, no se trata de un Quid pro quo sino de dar sin buscar retribución específica
alguna.
Hasta aquí si nos examinamos a nosotros mismos y a nuestros
amigos y excompañeros, podríamos evaluar cuánto supimos tomar de la Ibero, cómo
lo hemos aprovechado y a quiénes hemos servido. El resultado seguramente se dará
en una gran escala y finalmente nos llevará a concluir que nuestros primeros
pasos profesionales, se dieron basados en lo que supimos tomar de nuestra
Universidad, y que nuestro crecimiento como personas y profesionistas
seguramente se vio influenciado por todo aquello que vimos, vivimos y
compartimos durante el tiempo que pasamos por sus aulas.
¿Podríamos decir entonces que ambas partes han cumplido con
su cometido, la Ibero en darnos las bases que nos han ayudado a ser quienes
somos y nosotros, en haber servido a los demás? La primera podría ser una
aseveración y la segunda acaso una intención con diferentes resultados y matices dada nuestra naturaleza humana.
Seguramente cada uno nos estamos preguntando ¿qué tanto he
servido realmente a los demás? y ¿qué tanto reconozco que la Ibero me dio las
bases de lo que ahora soy?
Es muy común que, con respecto a la Ibero y sus actividades,
los exalumnos no estén lo más implicados que se quisiera y es aquí donde hay un
paso que dar por nuestra parte, pasando de la indiferencia al interés. Que
nosotros hagamos la diferencia pues, estoy seguro, que la Ibero responderá en
la misma medida buscando más y mejores actividades que permitan una mayor
cohesión e intereses comunes.
Si decíamos que somos el grupo más numeroso de personas
dentro de la comunidad, toca a nosotros hacer la diferencia, apoyar a nuestras
respectivas sociedades de exalumnos lo cual permite crear una mayor
representatividad ante la universidad ya que esa filiación, por consecuencia,
promoverá el estrechar aún más el vínculo de la Universidad con nosotros sus
exalumnos.
Si bien la Universidad tendrá sus limitaciones en cuanto a
recursos de todo tipo se refiere para dar una mayor atención a nuestros
intereses, también debemos considerar que nuestro apoyo a la Ibero en todos
sentidos es una retribución a lo recibido y una inversión para lograr que
muchos otros obtengan lo mismo que
nosotros y que
nosotros mismos obtengamos
aún más de
nuestra casa de estudios, ya que
fortaleciendo su nombre nos fortalecemos también como sus exalumnos.
Atender a sus eventos, promover su nombre e imagen, divulgar
sus logros y los de los integrantes de su comunidad, dar ideas
y consejo, contratar a sus
egresados, apoyar proyectos de investigación y su equipamiento son solo algunas
de las tareas que podemos tomar para servir mejor a la Ibero y a los demás.
Hoy a 70 años de fundada nuestra universidad y a 30 de la
integración de sus exalumnos en un solo cuerpo, me congratulo de haber elegido
a la Ibero para estudiar en ella, agradezco el apoyo que nos brindaron para la
creación del entonces Consejo de Exalumnos y hago votos para que el vínculo
entre la institución y sus exalumnos se haga cada vez más fuerte.
Finalmente quisiera despedirme con una frase de uno de mis
maestros, miembro de la Compañía de Jesús quien, al responder a la queja de
alguien con respecto al poco tiempo que tenía para algo le dijo, nadie tiene
tiempo para nada excepto para las personas y actividades de nuestra
preferencia.
Les invito pues a hacer a la Ibero y a las sociedades de
Exalumnos alguien de su preferencia.
Muchas gracias
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