Universidad Iberoamericana
Muy buenos días.
Muchas gracias, querido señor
Rector por concederme el honor de hablar en este que es uno de los días más
felices de muchos de quienes me escuchan. Aprecio en todo lo que vale, la
inmensa distinción de la que me ha hecho usted objeto.
Saludo con enorme respeto y
afecto a la comunidad de la Universidad Iberoamericana, mi alma mater.
Felicito a todos aquellos que
han concluido sus estudios, y que hoy empiezan a dibujar su destino y a dar
forma a sus sueños.
Con profunda emoción me dirijo a
sus padres y familiares que los acompañan esta mañana, que han compartido sus
ilusiones y esfuerzos. Nada más grato que ver su emocionado orgullo.
Los que estamos aquí esta mañana
pertenecemos a una de las comunidades más entrañables de este país, la
comunidad de la Universidad Iberoamericana.
Somos aquellos que elegimos una
educación rigurosa y responsable; una casa universitaria que ha hecho de la
libertad de cátedra y de la excelencia académica sus señas de identidad más
visibles; que acoge sin distingo a los que somos diferentes y que educa más
allá de las aulas.
Somos los que hemos vivido bajo
este emblema una de las etapas más hermosas de la vida.
Los que iniciamos adolescentes
un camino universitario y los que –en mucho- gracias a las enseñanzas de
nuestros maestros y a la conversación con nuestros compañeros, iniciamos el
cultivo de opiniones propias, pasiones personales, experiencias artísticas y
culturales y verdades académicas que se irán transformando en certezas de vida.
Pertenecemos a una sucesión de
generaciones que nos ha dado sentido de pertenencia y ha generado un colectivo
cohesionado y al servicio de la sociedad; a una cofradía que ha dado al país
muchos de sus mejores hombres y mujeres; a un grupo enorme y grandioso que ha
puesto el acento de su formación en la responsabilidad social.
Pero ustedes tienen su propia
diferencia esencial: la característica suya es que son la generación que estará
al frente de este país en el 2025; justo en el primer cuarto del Siglo XXI.
Serán los que definan en mucho
el destino de nuestro México por el resto del siglo y los que deberán resolver
los desafíos que están planteando los nuevos modelos económicos, las exigencias
ecológicas, la pretendida omnipresencia tecnológica: la nueva frontera, amorfa
por su carencia de límites.
Ustedes son quienes aportaran al
país sus ideas, su trabajo, su pasión, … y necesitaran para ello
compromiso, responsabilidad y voluntad.
Voluntad de servicio y deseo de ser un buen y gran ciudadano.
Y en esa búsqueda de certezas y
realizaciones, esta mañana quiero compartir con ustedes algunas cosas de lo que
aprendí en las aulas y de lo que me fue útil después.
Pertenezco a la primera
generación de una Ibero que en la adversidad luchó –y consiguió- levantarse de
los escombros del terrible sismo de junio del 79. En esos momentos difíciles,
todos juntos, maestros, trabajadores y estudiantes, como un solo cuerpo, en un
pacto espontáneo y colectivo, decidimos que la universidad éramos nosotros y no
los edificios.
Con solidaridad y entusiasmo,
dejamos atrás las precarias condiciones físicas de la Universidad y llenamos de
ideas y proyectos los pizarrones. Mi generación se forjó en la adversidad
física pero con un espíritu lleno de esperanza y de optimismo. Muchos de mis
compañeros de entonces han llenado de orgullo a este país, lo han hecho más
grande con su talento, con su palabra, con su mirada, con su arte.
En los cuatro años que pasé
estudiando comunicación en lo que llamábamos “los gallineros”, se formaron
algunos de los grandes líderes de este tiempo (y los cito en el orden que el
corazón y la memoria me los va dictando): Josefina Vázquez Mota, Ana María
Olabuenaga, Guillermo Arriaga, Ciro Gómez Leyva, Mario San Román, Simón Bros,
Betsabeé Romero, entre muchos, muchos otros más.
La Ibero fuimos nosotros, no los
edificios.
En 82 se anunció la donación de
este terreno, la construcción de la nueva sede, la campaña de recaudación de
fondos, el concurso para elegir el proyecto arquitectónico.
En 83, concluí la carrera, pero
nunca me alejé de la Ibero: tomé un par de diplomados y en enero de 1989
regresé a estudiar Ciencia Política y Administración Pública, en la primera
generación de Santa Fe, de este extraordinario edificio que ahora nos alberga.
La comunidad que se trasladó acá
conservó la mística de Taxqueña: la Universidad somos nosotros, más allá de los
edificios. Y los egresados de hoy son los dignos herederos de ese espíritu.
Hoy, es el tiempo de ustedes. De
la primera generación que se gradúa al inicio de la segunda década del Siglo
XXI, de los que se forjaron en estas paredes no solo para satisfacer ambiciones
personales sino para tomar con decisión las responsabilidades colectivas que
hagan a México un mejor país donde vivir.
Ustedes llegaron aquí con el
estandarte de formarse de la mejor manera para el futuro; como los depositarios
de los sueños e ilusiones de sus padres, de su familia: eligieron la Ibero como
la posibilidad de armar un proyecto personal basado en la libertad de cátedra y
la excelencia académica.
Pero la eligieron también porque
sabían que el espíritu universitario de esta bendita institución está basado en
la generosidad y la responsabilidad con el prójimo. Y esa narrativa que uno
aprende en la Ibero a cada instante se manifestara en ustedes a lo largo de los
años.
Hoy, la etapa universitaria ha
concluido y los meses siguientes a ya no tomar clases son de incertidumbre: Han
terminado el ciclo universitario; muchos saldrán al extranjero a continuar su
preparación; otros, decidirán incorporarse de inmediato a la fuerza laboral;
habrá quienes decidirán seguir en estas aulas como maestros o buscarán nuevas
rutas complementarias a su formación inicial.
Pero sea cual sea su decisión,
permítanme hablarles de lo siguiente:
1. Profesionalicen
sus pasiones, sus destrezas, sus obsesiones.
Si uno es capaz de abstraerse del mundo para realizar su trabajo casi
siempre se convierte en una persona feliz, o al menos satisfecha.
Varias
veces me han preguntado cómo pude llegar a ser Directora del Fondo de Cultura
Económica o Presidenta de Conaculta habiendo nacido y vivido hasta los 17 años
en un pequeño pueblo de 5 mil habitantes en Nayarit. Siempre respondo: leyendo.
Leer es lo que más me gusta en el mundo, y yo quise vivir siempre leyendo,
vivir de leer.
Vivan de
lo que les apasiona hacer. Y háganlo siempre con pasión.
2. No busquen
solo un trabajo: construyan una carrera.
Muchas
veces se van a ver tentados a aceptar un trabajo que no tiene nada que ver con
su formación o con su trayectoria y estarán dispuestos a hacerlo por múltiples
razones. Mi sugerencia es que siempre tengan claro lo que quieren y persistan
en esa decisión.
Yo
decidí ser editora de libros a los 20 años, en el tercer semestre de la
carrera, y en diferentes ocasiones tuve varias ofertas de trabajo en otros
sectores: publicidad, el negocio de la música, la televisión, … pero lo que
realmente me gustaba era leer y hacer libros. Persistí, pues, en ser editora. Al
paso del tiempo, y gracias a esa fidelidad a la decisión, tuve el honor de
dirigir el Fondo de Cultura Económica, la editorial en español más importante
del mundo.
3. Conserven
intacta su capacidad de admiración por el talento ajeno y su asombro por lo que
les rodea.
Es una
característica que les permitirá disfrutar al máximo cada día y que los
inspirará para ser mejores.
Mucha
gente me pregunta cómo se puede llegar a ser amiga o relacionarse con los
grandes escritores, los músicos, los intelectuales, … siempre respondo que
teniendo una genuina capacidad de admiración por su talento y de asombro por lo
que producen.
4. El
aprendizaje, no lo olviden nunca, es permanentemente necesario.
Uno de
los grandes retos que tiene su generación es armar un punto de vista frente a
la vorágine de datos y de información que es característica de este siglo.
¿Cómo
construir una opinión propia? ¿Cómo armar un lenguaje personal y una estructura
mental diferenciada?
¿Cómo
saber cuáles son las convicciones que nos guiarán el resto de nuestras vidas?
Personalmente,
lo he buscado a través de la lectura. Pero cada quien tiene sus propios caminos
por recorrer.
Conforme
pase el tiempo solucionaran alguna pregunta de un examen que no supieron responder
en su momento; recordarán lo que el maestro anotó en el pizarrón cuando se les
presente algún problema en el trabajo; sabrán que el talento para trabajar en
equipo se empezó a desarrollar en las tareas que se hicieron aquí, junto con
los amigos.
Pero
sobre todo, sentirán el orgullo y la gran responsabilidad de haber estudiado en
esta Universidad.
Y espero
que junto a ese orgullo se desarrollen compromisos personales con el país: ser
un mejor ciudadano, que tome decisiones pensando en el bien de la sociedad, en
construir un México más grande y generoso con sus habitantes.
No son
tiempos fáciles los que estamos viviendo. Pero nunca lo han sido. Cuando
terminé la carrera en 1983, el enorme Octavio Paz publicó un libro fundamental
para mi generación, cuyo título definía la atmósfera de esos momentos: “Tiempo
nublado”.
Estoy convencida
que este país tiene un futuro tan luminoso como su pasado; que nuestra
fortaleza está en el talento y la generosidad de los mexicanos y en la enorme
cultura que hemos heredado.
Encuentro
en ustedes a aquellos que nutrirán con sus ideas el pensamiento mexicano; a los
que con su participación política ampliarán el horizonte social de nuestro
país; a quienes con su emoción personal se plantearan resolver los retos de
nuestra sociedad con tantas desigualdades.
Hoy les
pido que miren arriba y adivinen al cielo, que cierren sus ojos, que recuerden lo
que sentía su corazón el primer día que llegaron a la Ibero; que evoquen la
primera sonrisa que correspondieron; que experimenten la emoción de la primera
clase.
Abran
los ojos. Vean a la gente que está a su lado, tómenla de la mano, agradezcan su
confianza, su cariño y su compañía en estos cuatro años y en este momento. Guarden por favor este instante en su memoria,
en su corazón y recuérdenlo cuando se presenten los problemas y los desafíos.
Ahora piensen
que en el 2025, dentro de 14 años, cuando sean unos respetables profesionistas
al frente de empresas e instituciones, de sus proyectos personales o de sus
empeños colectivos, piensen que recordaran que en un lejano 24 de septiembre
del 2011 ustedes se sintieron satisfechos y orgullosos de sus esfuerzos y
agradecieron a sus padres el apoyo y la confianza que les otorgaron para
realizar una carrera; que soñaron con un mejor país y que tomaron la
responsabilidad de construirlo.
Y
entonces, también entonces, recuerden la frase que nos hace a todos la enorme
comunidad que somos: La verdad nos hará libres.
Muchas
felicidades, y que tengan todo el éxito que se merecen.
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