martes, 11 de octubre de 2011

Discurso de la Lic. Consuelo Sáizar en la Ceremonia de Egresados de la Universidad Iberoamericana

Y también entonces
Universidad Iberoamericana
24 de septiembre del 2011



Muy buenos días.

Muchas gracias, querido señor Rector por concederme el honor de hablar en este que es uno de los días más felices de muchos de quienes me escuchan. Aprecio en todo lo que vale, la inmensa distinción de la que me ha hecho usted objeto.

Saludo con enorme respeto y afecto a la comunidad de la Universidad Iberoamericana, mi alma mater.

Felicito a todos aquellos que han concluido sus estudios, y que hoy empiezan a dibujar su destino y a dar forma a sus sueños.
Con profunda emoción me dirijo a sus padres y familiares que los acompañan esta mañana, que han compartido sus ilusiones y esfuerzos. Nada más grato que ver su emocionado orgullo.


Los que estamos aquí esta mañana pertenecemos a una de las comunidades más entrañables de este país, la comunidad de la Universidad Iberoamericana.
Somos aquellos que elegimos una educación rigurosa y responsable; una casa universitaria que ha hecho de la libertad de cátedra y de la excelencia académica sus señas de identidad más visibles; que acoge sin distingo a los que somos diferentes y que educa más allá de las aulas.
Somos los que hemos vivido bajo este emblema una de las etapas más hermosas de la vida.
Los que iniciamos adolescentes un camino universitario y los que –en mucho- gracias a las enseñanzas de nuestros maestros y a la conversación con nuestros compañeros, iniciamos el cultivo de opiniones propias, pasiones personales, experiencias artísticas y culturales y verdades académicas que se irán transformando en certezas de vida.

Pertenecemos a una sucesión de generaciones que nos ha dado sentido de pertenencia y ha generado un colectivo cohesionado y al servicio de la sociedad; a una cofradía que ha dado al país muchos de sus mejores hombres y mujeres; a un grupo enorme y grandioso que ha puesto el acento de su formación en la responsabilidad social.

Pero ustedes tienen su propia diferencia esencial: la característica suya es que son la generación que estará al frente de este país en el 2025; justo en el primer cuarto del Siglo XXI.

Serán los que definan en mucho el destino de nuestro México por el resto del siglo y los que deberán resolver los desafíos que están planteando los nuevos modelos económicos, las exigencias ecológicas, la pretendida omnipresencia tecnológica: la nueva frontera, amorfa por su carencia de límites.
Ustedes son quienes aportaran al país sus ideas, su trabajo, su pasión, … y necesitaran para ello compromiso,  responsabilidad y voluntad. Voluntad de servicio y deseo de ser un buen y gran ciudadano.

Y en esa búsqueda de certezas y realizaciones, esta mañana quiero compartir con ustedes algunas cosas de lo que aprendí en las aulas y de lo que me fue útil después.

Pertenezco a la primera generación de una Ibero que en la adversidad luchó –y consiguió- levantarse de los escombros del terrible sismo de junio del 79. En esos momentos difíciles, todos juntos, maestros, trabajadores y estudiantes, como un solo cuerpo, en un pacto espontáneo y colectivo, decidimos que la universidad éramos nosotros y no los edificios.

Con solidaridad y entusiasmo, dejamos atrás las precarias condiciones físicas de la Universidad y llenamos de ideas y proyectos los pizarrones. Mi generación se forjó en la adversidad física pero con un espíritu lleno de esperanza y de optimismo. Muchos de mis compañeros de entonces han llenado de orgullo a este país, lo han hecho más grande con su talento, con su palabra, con su mirada, con su arte.

En los cuatro años que pasé estudiando comunicación en lo que llamábamos “los gallineros”, se formaron algunos de los grandes líderes de este tiempo (y los cito en el orden que el corazón y la memoria me los va dictando): Josefina Vázquez Mota, Ana María Olabuenaga, Guillermo Arriaga, Ciro Gómez Leyva, Mario San Román, Simón Bros, Betsabeé Romero, entre muchos, muchos otros más. 

La Ibero fuimos nosotros, no los edificios.
En 82 se anunció la donación de este terreno, la construcción de la nueva sede, la campaña de recaudación de fondos, el concurso para elegir el proyecto arquitectónico.

En 83, concluí la carrera, pero nunca me alejé de la Ibero: tomé un par de diplomados y en enero de 1989 regresé a estudiar Ciencia Política y Administración Pública, en la primera generación de Santa Fe, de este extraordinario edificio que ahora nos alberga. 

La comunidad que se trasladó acá conservó la mística de Taxqueña: la Universidad somos nosotros, más allá de los edificios. Y los egresados de hoy son los dignos herederos de ese espíritu.

Hoy, es el tiempo de ustedes. De la primera generación que se gradúa al inicio de la segunda década del Siglo XXI, de los que se forjaron en estas paredes no solo para satisfacer ambiciones personales sino para tomar con decisión las responsabilidades colectivas que hagan a México un mejor país donde vivir.

Ustedes llegaron aquí con el estandarte de formarse de la mejor manera para el futuro; como los depositarios de los sueños e ilusiones de sus padres, de su familia: eligieron la Ibero como la posibilidad de armar un proyecto personal basado en la libertad de cátedra y la excelencia académica.

Pero la eligieron también porque sabían que el espíritu universitario de esta bendita institución está basado en la generosidad y la responsabilidad con el prójimo. Y esa narrativa que uno aprende en la Ibero a cada instante se manifestara en ustedes a lo largo de los años.

Hoy, la etapa universitaria ha concluido y los meses siguientes a ya no tomar clases son de incertidumbre: Han terminado el ciclo universitario; muchos saldrán al extranjero a continuar su preparación; otros, decidirán incorporarse de inmediato a la fuerza laboral; habrá quienes decidirán seguir en estas aulas como maestros o buscarán nuevas rutas complementarias a su formación inicial.

Pero sea cual sea su decisión, permítanme hablarles de lo siguiente:
1.    Profesionalicen sus pasiones, sus destrezas, sus obsesiones.  Si uno es capaz de abstraerse del mundo para realizar su trabajo casi siempre se convierte en una persona feliz, o al menos satisfecha.

Varias veces me han preguntado cómo pude llegar a ser Directora del Fondo de Cultura Económica o Presidenta de Conaculta habiendo nacido y vivido hasta los 17 años en un pequeño pueblo de 5 mil habitantes en Nayarit. Siempre respondo: leyendo. Leer es lo que más me gusta en el mundo, y yo quise vivir siempre leyendo, vivir de leer.
Vivan de lo que les apasiona hacer. Y háganlo siempre con pasión.

2.    No busquen solo un trabajo: construyan una carrera.
Muchas veces se van a ver tentados a aceptar un trabajo que no tiene nada que ver con su formación o con su trayectoria y estarán dispuestos a hacerlo por múltiples razones. Mi sugerencia es que siempre tengan claro lo que quieren y persistan en esa decisión.
Yo decidí ser editora de libros a los 20 años, en el tercer semestre de la carrera, y en diferentes ocasiones tuve varias ofertas de trabajo en otros sectores: publicidad, el negocio de la música, la televisión, … pero lo que realmente me gustaba era leer y hacer libros. Persistí, pues, en ser editora. Al paso del tiempo, y gracias a esa fidelidad a la decisión, tuve el honor de dirigir el Fondo de Cultura Económica, la editorial en español más importante del mundo.


3.    Conserven intacta su capacidad de admiración por el talento ajeno y su asombro por lo que les rodea.
Es una característica que les permitirá disfrutar al máximo cada día y que los inspirará para ser mejores.
Mucha gente me pregunta cómo se puede llegar a ser amiga o relacionarse con los grandes escritores, los músicos, los intelectuales, … siempre respondo que teniendo una genuina capacidad de admiración por su talento y de asombro por lo que producen. 

4.    El aprendizaje, no lo olviden nunca, es permanentemente necesario.
Uno de los grandes retos que tiene su generación es armar un punto de vista frente a la vorágine de datos y de información que es característica de este siglo.
¿Cómo construir una opinión propia? ¿Cómo armar un lenguaje personal y una estructura mental diferenciada?
¿Cómo saber cuáles son las convicciones que nos guiarán el resto de nuestras vidas?
Personalmente, lo he buscado a través de la lectura. Pero cada quien tiene sus propios caminos por recorrer.

Conforme pase el tiempo solucionaran alguna pregunta de un examen que no supieron responder en su momento; recordarán lo que el maestro anotó en el pizarrón cuando se les presente algún problema en el trabajo; sabrán que el talento para trabajar en equipo se empezó a desarrollar en las tareas que se hicieron aquí, junto con los amigos.

Pero sobre todo, sentirán el orgullo y la gran responsabilidad de haber estudiado en esta Universidad.

Y espero que junto a ese orgullo se desarrollen compromisos personales con el país: ser un mejor ciudadano, que tome decisiones pensando en el bien de la sociedad, en construir un México más grande y generoso con sus habitantes.

No son tiempos fáciles los que estamos viviendo. Pero nunca lo han sido. Cuando terminé la carrera en 1983, el enorme Octavio Paz publicó un libro fundamental para mi generación, cuyo título definía la atmósfera de esos momentos: “Tiempo nublado”.

Estoy convencida que este país tiene un futuro tan luminoso como su pasado; que nuestra fortaleza está en el talento y la generosidad de los mexicanos y en la enorme cultura que hemos heredado.

 Encuentro en ustedes a aquellos que nutrirán con sus ideas el pensamiento mexicano; a los que con su participación política ampliarán el horizonte social de nuestro país; a quienes con su emoción personal se plantearan resolver los retos de nuestra sociedad con tantas desigualdades.

Hoy les pido que miren arriba y adivinen al cielo, que cierren sus ojos, que recuerden lo que sentía su corazón el primer día que llegaron a la Ibero; que evoquen la primera sonrisa que correspondieron; que experimenten la emoción de la primera clase.
Abran los ojos. Vean a la gente que está a su lado, tómenla de la mano, agradezcan su confianza, su cariño y su compañía en estos cuatro años y en este momento.  Guarden por favor este instante en su memoria, en su corazón y recuérdenlo cuando se presenten los problemas y los desafíos.

Ahora piensen que en el 2025, dentro de 14 años, cuando sean unos respetables profesionistas al frente de empresas e instituciones, de sus proyectos personales o de sus empeños colectivos, piensen que recordaran que en un lejano 24 de septiembre del 2011 ustedes se sintieron satisfechos y orgullosos de sus esfuerzos y agradecieron a sus padres el apoyo y la confianza que les otorgaron para realizar una carrera; que soñaron con un mejor país y que tomaron la responsabilidad de construirlo.

Y entonces, también entonces, recuerden la frase que nos hace a todos la enorme comunidad que somos: La verdad nos hará libres.

Muchas felicidades, y que tengan todo el éxito que se merecen.




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