martes, 28 de febrero de 2012

La mayor virtud hoy es la capacidad de adaptación: Víctor Manuel Borrás Setién


Palabras del Director General del Infonavit, Víctor Manuel Borrás Setién
Ceremonia de Egresados Otoño 2011
Universidad Iberoamericana Ciudad de México
Sábado 25 de febrero de 2012

Agradezco al Doctor José Morales Orozco, Rector de la Universidad Iberoamericana su invitación para participar con todos ustedes, graduados y familias, así como el personal académico y docente, en esta significativa ceremonia de egresados Otoño 2011.

Años de esfuerzo y dedicación se ven coronados con esta gran recompensa: su graduación. Yo soy ya un veterano de la Universidad Iberoamericana, nuestra Alma Mater. Para darles una idea, entré a la Escuela de Contaduría cuando nuestra Universidad estaba en Cerro de las Torres en la Campestre Churubusco, en 1968.

El famoso 68, año que ha marcado de manera significativa la historia de nuestro país; año en que se derrumbaron mitos y tendencias y que marcó el inicio del México moderno. En esa época nacieron la nueva música (los Beatles), las tendencias naturistas, vegetarianas  y  muchas  más, pero sobre todo, se dieron las bases para un mundo y un México más libre, más fresco, más alejado de ataduras.

Mi vida profesional ha transcurrido por más de 40 años en el sector financiero de nuestro  país y he sido afortunado de dirigir el INFONAVIT en los últimos 11 años. Y digo afortunado porque he tenido la oportunidad de combinar, entrelazar e incluso mezclar, mis dos grandes pasiones: lo financiero y lo social.

He aprendido que es posible juntar agua y aceite, ser rentable y al mismo tiempo acrecentar el beneficio social para los ciudadanos. Mi experiencia me ha demostrado que se puede optar por la ortodoxia financiera y tener sensibilidad social, que permita hacer rentables  proyectos ecológicos, de organización vecinal y de promoción del empleo, entre otros.

El 21% de los mexicanos vive en una casa financiada por el INFONAVIT. Nuestra visión es de no sólo  dar una casa y un patrimonio a través de un crédito, sino dar acceso a una mejor calidad de vida. Queremos bienestar, queremos felicidad para las familias y ese es nuestro reto: hacerlo rentable y posible, sin poner en riesgo el patrimonio de los trabajadores.

Pero más que hablar de mí y de mi experiencia, me gustaría decirles unas pocas cosas que he comprobado son muy importantes para nuestra vida personal y profesional.

La primera es que conserven esa frescura que hoy tienen, la inocencia natural de ser. La vida es  un  largo  camino  que debemos de recorrer y entre menos peso carguemos,   el camino será más agradable. 

No debemos perder la capacidad de cambiar.  El mundo hoy va muy rápido. Cambia todos los días y aún más, mientras estoy hablando, sigue cambiando. La   mayor   virtud hoy,   es   la capacidad de adaptación. Mañana no  habrá  twitter ni facebook  ni Ipad2  y nosotros seguiremos viviendo.
Debemos prepararnos para afrontar lo que venga, “hacer ejercicio” y mantenernos en buena condición para los nuevos retos; leer y prepararnos para tener capacidad de discernimiento pero sobre todo mantener la bendita virtud de cambiar. Como decía José Agustín Goytisolo en un poema:
“nunca te entregues ni te apartes

junto al camino, nunca digas
no puedo más y aquí me quedo”.

Cuando algunas personas mayores me preguntan por qué la sociedad actual prefiere a los jóvenes y no a las personas con mayor conocimiento y experiencia,   mi respuesta siempre es la misma: porque los jóvenes tienen la capacidad de cambiar y nosotros la hemos perdido. Como dice Mercedes Sosa, “cambia, todo cambia”. Lo único que debe permanecer son los valores y ese es un segundo consejo que me atrevo a darles:

En  el  largo  plazo  la  mejor inversión   es la   honestidad. Significa ejemplo a nuestros hijos, prestigio, admiración de los demás  pero sobre todo, un estado de felicidad.   Debemos invertir hoy para ser felices, quitando los falsos beneficios de no ser  honestos.  

La honestidad siempre da frutos viéndola en una perspectiva amplia y no sólo por un beneficio de corto plazo. La honestidad debe ser siempre la misma: inquebrantable, debemos atesorar los valores éticos que nos inculcaron nuestros padres y maestros.     

Una tercera reflexión tiene que ver con  la capacidad de atreverse, de romper, de cambiar, de hacer cosas nuevas.     A veces nos cohibimos pensando que lo que inventamos   “seguramente ya alguien lo pensó”   y  no  nos atrevemos siquiera a decirlo. Así me pasaba cuando era joven.

¡Cuántas  ideas se quedaron en el “tintero mental de la especulación”! Hoy me doy cuenta que no se piensa tanto como yo imaginaba y que de la mente más sencilla,   aún   sin preparación, surgen ideas con gran contenido de sentido común e innovación.

Hay que atreverse, atreverse mucho.   Ser insolentes en el buen sentido, no tener respeto por la inmovilidad de las cosas. Debemos combinar lo no combinable, la técnica con lo humano   como dice Nicanor Parra, poeta chileno.

Y  por  último,  cuidarnos  entre nosotros. Este mundo es de todos,  es lo que tenemos y le debemos un gran respeto.    Debemos proteger a los débiles, la naturaleza, el medio ambiente.    Respetar a los diferentes  y a los desvalidos. Hacer de este mundo un mejor lugar para vivir nosotros  y que vivan nuestros hijos.      Es nuestro mejor legado, nuestro mejor ejemplo.

Termino citando al cantautor español Víctor Manuel: “deja que te cuide mariposa mía, déjame que  vele  tu fragilidad, la vida es la vida y vamos a vivirla, que  todos  tenemos  alas  de cristal”.

Felicidades a todos:   a los padres por tener los hijos que tienen,   a los hijos por sus padres,    a los alumnos   por  sus maestros   y   a éstos por sus alumnos.   Y  a  todos  por  tenernos a todos.

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