Orador invitado en la Ceremonia de Egresados Primavera 2003
Sábado 5 de julio de 2003
Distinguidos
miembros del presidium, respetables
egresados de este curso de Primavera del 2003 de esta prestigiada Universidad
Iberoamericana, familiares que los acompañan y que seguramente, como los
egresados, viven con especial emotividad esta ceremonia, porque de alguna u
otra manera estuvieron involucrados en lo que fue esa maravillosa aventura
educativa que se inició seguramente en un jardín de niños y hoy por lo menos en
principio parece concluir con la culminación de los estudios de licenciatura. Amigos todos
Asistir a una
ceremonia de egresados es inmediatamente oportunidad de que se reflejen algunas
de las características propias de la dignidad humana. A diferencia de lo que
sucede en el mundo animal, en el que las respuestas son instintivas, en el ser
humano hace acto de presencia la conciencia la inteligencia y la libertad,
cuando estas características no aparecen, el hombre aún llega a actuar a
niveles inferiores que los animales.
Es lógico que
cuando un egresado advierte lo que ha sido su vida, se da cuenta de que
culminarla en la vida universitaria, culminar sus estudios universitarios,
deben llenarlo de alegría, porque esto no ha sido fruto de la casualidad, es
resultado del esfuerzo.
Cuando
asistíamos a la participación eucarística, y en el momento del arrepentimiento
uno de los egresados, en nombre de todos, hablaba de aquellos momentos en que
no estudió, aquellos momentos en fin en que no supo responder al compromiso de
estudiante universitario, nos dábamos cuenta también de que había otros
momentos en los que sí se cumplió con eficiencia, y que el haber llegado ya a
este momento, revela que se culminó una vida de esfuerzos, y esto también lo
comparten los padres, cada quién de acuerdo con su propia experiencia porque no
podemos perder de vista que, quizá la nota más distintiva del ser humano es su
individualidad; a veces los filósofos hablan de todos los atributos del ser
humano, pero parece como que se están refiriendo a un hombre desencarnado, a un
hombre que no está aquí ahora y que por lo mismo no tiene características
propias que obligan a distinguir en el ser humano el que cada uno es idéntico a
sí mismo pero diferente a los demás; y por ello, cuando en palabras de un orador
se hace referencia al hombre, implícitamente cada quien debe encanarlas en su
propia experiencia, entender cómo se está haciendo referencia a él, para que
él, de su propia ubicación a palabras más o menos generales que se están
expresando.
Esa inteligencia,
esa libertad, y esa conciencia en este momento como lo expresaba el señor
Rector, en las palabras que pronunció en la celebración eucarística, invitan a
una reflexión. Maravilloso alegrarse, es una de las características del ser
humano, pero más importante tratar de ubicarse en lo que es el compromiso que
se tiene ante una comunidad determinada
y ante el éxito de culminar los estudios universitarios habrá siempre grandes
peligros: el peligro de la soberbia, se tienen conocimientos, se tiene un
título y hay el riesgo de que con prepotencia se caiga en sentirse superior a
los demás, se tienen tantos y tantos peligros que derivan del egoísmo, que
también es expresión de la soberbia, quienes caen en el egoísmo ciego, que
viviendo un mundo que les ha sido favorable no desean mirar mundos distintos
porque a lo mejor piensan que eso puede transformarlos y por lo mismo no
quieren correr esa aventura, el egoísmo insensible de los que quizás por
casualidad llegan a contemplar otros mundos y eso no los hace modificar en
absoluto su manera de ser o el egoísmo duro aquel al que llegan y practican los
que aún ante mundos distintos en donde se sufre, en donde se tienen grandes
padecimientos, lo llegan a aprovechar para obtener beneficios de ello,
evidentemente para quien se ha adentrado en lo que es la Universidad
Iberoamericana, que es una universidad de inspiración cristiana, una
universidad en la que los valores evangélicos constituyen el contexto
permanente, pero que respeta profundamente la libertad de cada quien.
No se trata de una universidad confesional, en
la que se tiene necesariamente que prestar adhesión a determinados valores y
determinadas prácticas, propio de las universidades jesuitas, es precisamente
ese respeto profundo a la libertad de cada uno de los educantes, aún y esto a
mí siempre me llamó la atención y me sigue llamando la atención de esta
Universidad, aún lo que tiene una gran vinculación con lo que serían los
valores evangélicos, los valores cristianos en su práctica litúrgica, siempre
se realiza con la más absoluta discreción, cuando se acude a la capilla uno
respira esa libertad, y nunca a nadie se le presiona, se le violenta, ni con
premios ni con castigos, para que acudan a la capilla o acudan a los eventos
especialmente apostólicos que se realizan, con lo que se está tratando, no
solamente de respetar la libertad de cada quien, sino fomentar una conducta
personal, necesaria en un mundo plural, donde la tolerancia y el respeto son
imprescindibles, y es ahí donde digo que este contexto educativo, no puede uno
suponer que de la Universidad Iberoamericana egrese una persona con mentalidad
egoísta o soberbia; tiene que egresar con la idea del servicio solidario, y del
servicio solidario comprometido, en tanto que se ha gozado del beneficio de ser
profesionista, como también nos decía el señor Rector al comentar ese
maravilloso Evangelio, donde se habla de los talentos, cada egresado,
conociendo su situación personal, conociendo su propio contexto tiene que
interrogarse sobre los talentos que ha recibido, y preguntarse cómo va a hacer
fructíferos esos talentos, pero en ese servicio solidario en el que se ha
formado en su universidad.
Sé bien que no
todos los que egresan forman parte de la élite social y cultural de México,
porque también hay entre muchos de los presentes quienes saben que estudiar en
la Universidad Iberoamericana supuso grandes esfuerzos y grandes sacrificios.
Cuántas veces los padres hacen esos sacrificios para que el hijo pueda salir
adelante con el prestigio de una universidad que se preocupa por la excelencia
académica y que trata de inculcar estos valores y también los hay que aún
tienen que acudir a un sistema de becas para poder continuar adelante y
finalmente salir con un compromiso que tendrán que reflejar como deudores a una
comunidad mexicana que tanto les ha dado, y en ese aspecto van a surgir las
interrogantes, cómo puedo responder a este compromiso, y se tendrá que pensar
en una comunidad mexicana, en una comunidad concreta y dentro de esa comunidad
concreta tendrán que verse sus aspectos positivos y negativos.
De ninguna manera pienso que lo recomendable sea, como tristemente a veces sucede, el tener una visión de pesimismo catastrófico autodestructible, tampoco se debe tener esa visión, que finalmente es una visión infantilista de un estado paternalista que es quien debe responder a todas las inquietudes, optimismo realista de profundo compromiso comunitario es para mí la visión a la que debe acudir el universitario que culmina con sus estudios, optimismo que es ampliamente justificable con los valores evangélicos, porque por más dramáticos que sean los problemas que se viven en una sociedad, no puede uno perder de vista que hay un Creador que dio al hombre la inteligencia creativa, para que no se asuste ante los problemas, para que no se desgarre las vestiduras escandalizado porque quienes tienen responsabilidades públicas no saben afrontar sus responsabilidades, sino que sepa que en esa inteligencia creativa de que hemos sido dotados está la posibilidad para que la comunidad intervenga, la comunidad actúe y presione, e incluso de manera directa trate de atacar los problemas, y ahí está ese esquema que también EGT describe en la introducción de esta hermosa publicación de Artes de México que habla de las misiones jesuitas, el universitario que tiene esta formación está llamado a descubrir dentro de la sociedad los problemas, a profundizar en ellos y lo más importante, a tratar de encontrar las soluciones y de hacer lo necesario para que estas soluciones sean efectivas, con objetivos a corto, mediano y largo plazo, y ahí es donde está el lugar del universitario, el descifrar los problemas, para llegar finalmente a las aportaciones idóneas.
De ninguna manera pienso que lo recomendable sea, como tristemente a veces sucede, el tener una visión de pesimismo catastrófico autodestructible, tampoco se debe tener esa visión, que finalmente es una visión infantilista de un estado paternalista que es quien debe responder a todas las inquietudes, optimismo realista de profundo compromiso comunitario es para mí la visión a la que debe acudir el universitario que culmina con sus estudios, optimismo que es ampliamente justificable con los valores evangélicos, porque por más dramáticos que sean los problemas que se viven en una sociedad, no puede uno perder de vista que hay un Creador que dio al hombre la inteligencia creativa, para que no se asuste ante los problemas, para que no se desgarre las vestiduras escandalizado porque quienes tienen responsabilidades públicas no saben afrontar sus responsabilidades, sino que sepa que en esa inteligencia creativa de que hemos sido dotados está la posibilidad para que la comunidad intervenga, la comunidad actúe y presione, e incluso de manera directa trate de atacar los problemas, y ahí está ese esquema que también EGT describe en la introducción de esta hermosa publicación de Artes de México que habla de las misiones jesuitas, el universitario que tiene esta formación está llamado a descubrir dentro de la sociedad los problemas, a profundizar en ellos y lo más importante, a tratar de encontrar las soluciones y de hacer lo necesario para que estas soluciones sean efectivas, con objetivos a corto, mediano y largo plazo, y ahí es donde está el lugar del universitario, el descifrar los problemas, para llegar finalmente a las aportaciones idóneas.
Cierto, son
importantes los conocimientos pero fundamental es la actuación, no cabe duda que
cuando uno analiza la sociedad mexicana advertirá que esas características de
sociedad clasista piramidal de profundos contrastes no logran desaparecer, que
se trabaja, que se actúa, que se lucha, y sin embargo seguimos teniendo la
manifestación de pobres y miserables que aunque lleguen a tener ciertas
variaciones finalmente no son seres humanos que cotidianamente viven el
ejercicio de los derechos fundamentales, derecho a la vida y a la integridad
física, derecho a que sea respetada la dignidad del ser humano, derecho a tener
un decoroso nivel de vida, derecho a la buena fama pública, derecho a que la
familia sea considerada como base de la sociedad, derecho a tener acceso a la
cultura, derecho a dar culto a Dios, conforme a los principios de libertad de conciencia,
derecho de intervenir en la vida política, derecho a la seguridad jurídica, y
otros tantos más en los que hoy tanto se profundiza, pero cuántas veces sólo a
un nivel académico porque en la vida concreta se necesitan las transformaciones
humanas, y las transformaciones humanas no se logran a través de la
inteligencia, sino a través de la voluntad. La actuación del hombre implica la
práctica de virtudes, y las virtudes suponen la reiteración de actos honestos,
para que finalmente esto se proyecte en la vida comunitaria, y ésta pueda
transformarse.
No es raro, en
el plan intelectual se encuentren claramente los problemas y se diseñen cuáles
deben ser las soluciones, pero lo que falla es ese sentido de virtud proyectado
en la vida cotidiana que permita que los hombres estén más cerca unos de otros.
Gran valor es la justicia, porque finalmente respetarla supone el dar a cada
quien lo suyo, problema difícil determinar qué es lo suyo de cada quién, pero
finalmente para ello están los filósofos del derecho, para ello están los
legisladores, que a través de las constituciones, que a través en general de
las normas jurídicas diseñarán cuál es la justicia en un momento histórico
determinado pero la justicia si se piensa en ella, finalmente implica división,
respeto a lo mío, respeto a lo tuyo, y por ello el valor cristiano, el esencial
valor cristiano de la caridad hace acto de presencia como la solución
fundamental ante todo problema, porque cuando el hombre ama, se acaban las
distinciones y está dispuesto a compartir lo suyo cuando esto resulta necesario
para la convivencia.
Reflexionar en
esto, profundizar estimulará a buscar que las virtudes humanas, virtudes
cristianas para quienes opten por esta posición ideológica vayan a informar la
actuación de los universitarios en la vida de México y allí se estarían dando
los pasos para transformar a la sociedad a través de la transformación
personal. Decía Paulo VI en la Encíclica
sobre el desarrollo de los pueblos, que sigue aún vigente “la situación social
de injusticia debe afrontarse con valentía y realizarse las transformaciones
necesarias” un pensador alemán Mesner, expresaba que las
transformaciones que se requieren en una comunidad suponen que muchos hombres
posean un espíritu joven y eterno, enraizado en la firmeza de la verdad
permanente, se dirija con ímpetu creador a la edificación de realidades nuevas
históricamente oportunas.
Pienso, con
optimismo, que una ceremonia de egresados que los motive a estas reflexiones,
nos debe llevar a todos al optimismo de que, como dice el padre Kolvenbach, se
convertirán en los líderes que México necesita para convertirse en esa sociedad
idónea para el desarrollo integral de todos sus componentes.
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