sábado, 23 de febrero de 2008

No aspiren a ser triunfadores por encima de los demás, busquen ser felices en compañía con los demás: Carlos Núñez Urquiza

Palabras de Carlos Núñez Urquiza 
Ceremonia de Egresados Primavera 2006
Septiembre, 2006

Estimado señor rector, distinguidos miembros de la comunidad universitaria: Agradezco  al señor rector su amable y honrosa invitación que me da la oportunidad de compartir con ustedes algunas reflexiones.

Hace dos años se graduaba mi hija mayor, entiendo la satisfacción que llena el corazón de los padres de familia aquí presentes, y comparto sus sentimientos de gratitud.

Ingresé becado a la Iberoamericana hace mas de 35 años, aquí conocí a mi esposa. Muy joven comencé a trabajar para la Universidad, mis primeros trabajos los obtuve por las relaciones que cultivé en estas aulas. Imaginarán ustedes lo que significa la Iberoamericana en mi vida.

Es un orgullo pertenecer a esta comunidad encabezada por un jesuita de la talla de don José Morales Orozco.

Permítanme compartir hoy cuatro ideas con ustedes:
La primera: Encuentren lo que les apasiona.
La segunda: Aspiren a una vida sencilla
Tercera: Disfruten la vida, no se excedan en el trabajo diario,
Cuarta: Sean conscientes de la brutal desigualdad de nuestro país, y enfréntenla generando oportunidades.

Primera: Encuentren lo que les apasiona.
Sueñen con proyectos trascendentes.  En una ceremonia como ésta el año pasado en Stanford, Steve Jobs, el fundador de Apple  decía a los graduados estar convencido de que había vencido sus problemas,  pérdida de su empresa, humillación pública, cáncer,  porque se dedica a lo que le apasiona y en ese quehacer siempre ha emprendido cosas nuevas.

Segunda: Aspiren a una vida sencilla. Rechacen, desprecien los ídolos de nuestra época. Hace unos minutos, al inicio de la celebración eucarística, recordábamos las palabras del padre general Kolvenbach sobre el peligro del dinero, la fama y el poder, que se han convertido en el becerro de oro de nuestro tiempo. La obsesión de la época es el bienestar económico, el prestigio, el poder, la seguridad. El demonio de nuestro tiempo nos invita a ser “triunfadores”, a buscar el éxito social, económico, mundano.  Hoy los ídolos no son de madera o de barro, son más sutiles, pero les entregamos nuestro corazón y nuestro esfuerzo.

Nunca fue tan necesario como ahora proclamar la necesidad de volver a una vida sencilla.  Una vida sencilla nos dignifica, pero además, es el único camino para construir una sociedad mas justa. Debemos igualar hacia abajo, no hacia arriba. No todos pueden aspirar al dispendio y al lujo.

Me explico, para el 50% de la población,  que vive en pobreza,  y que recibe menos del 20% del ingreso nacional, justicia social significa igualar hacia arriba. Pero para quien tiene más de lo necesario significa igualar hacia abajo.

Y es que cuando hablamos de justicia social debemos reconocer que el combate al dispendio es tan importante como el combate a la pobreza, pues éste último no es eficaz sin aquél, no sólo porque los recursos resultarían siempre insuficientes, sino porque en la pobreza hay un referente, un contenido relativo, de contraste, de diferencia. En la medida en que esta diferencia es mayor la pobreza es más ofensiva, independientemente de su nivel absoluto.

Es necesario denunciar como equivocados y perniciosos los ídolos de nuestra sociedad.  Un estudioso de las Sagradas Escrituras, nos ofrecía este criterio que no acabo de asimilar, pero me ha puesto a reflexionar y por ello lo comparto ahora. Va a contrapelo de lo que nos han enseñado.  Nos decía:”su testimonio será mejor en la medida en que cada año su gasto sea menor, sus vacaciones, sus reuniones, su ropa y su auto, sean más modestos; en la medida en que su propósito sea no el éxito, sino vivir con plenitud. No aspiren a ser triunfadores por encima de los demás, busquen ser felices en compañía con los demás. El éxito y los triunfadores le han hecho mucho daño a nuestra sociedad y a nuestro corazón”. 
Ustedes encontrarán cómo conciliar la propuesta de abrazar grandes sueños y al mismo tiempo vivir de manera sencilla.

Tercera: disfruten la vida, en especial la vida en familia, no se excedan en el trabajo
Muchos de ustedes se dedicarán obsesivamente al trabajo. Así lo hice yo más de 30 años. Estaba seguro que eso era bueno  y que así le procuraba lo mejor a mi familia. Ahora comprendo que convertí a mi desarrollo profesional en un ídolo.  
Si hoy me fuera dable empezar de nuevo    dedicaría más horas a hacer las tareas con mis hijos, a perder el tiempo con mi familia en nimiedades, a andar en bicicleta, a escuchar música, a hacer oración en familia.

Los más de ustedes formarán una familia, tendrán hijos. Permítanme comentarles los resultados de una investigación que publicó en junio la Universidad de Stanford: el factor más poderoso para desarrollar la capacidad de aprendizaje de un ser humano es el AMOR intenso que recibe en sus primeros  8 años de vida. Desde hace mucho se sabe que la autoestima está relacionada con el afecto que uno recibe, principalmente en su niñez.

Lo que no sabíamos es que la capacidad de aprendizaje, de matemáticas y lenguas extranjeras por ejemplo,  tiene como principal ingrediente el intenso amor de los padres.
Podrás dedicar 14 horas al trabajo diario y decir que lo haces por tu familia.  A veces será necesario, es cierto. Pero las más de las veces sería mejor tu compañía amable que el ingreso adicional que llevas a casa.

Trabajar con fervor y con dedicación, desde luego. San Pablo decía “el que no trabaja que no coma”, pero NO trabajar de manera compulsiva.
Un viejo amigo, a quien podríamos juzgar como muy exitoso según los estándares de nuestra sociedad, me confesaba al jubilarse a los 65 años de edad: “Puse mi corazón en las cosas que se mueren, y se han muerto para no volver; no le puedo dar la vuelta atrás;  tarde me di cuenta que la vida se me había ido mientras yo  trabajaba 14 horas diarias. No hay éxito que compense perder la infancia o la adolescencia de tus hijos”. 
Y es que el éxito que debemos buscar es más bien el que se mide en función de qué haces con tu tiempo y cómo impactas la vida de otros.

Cuarta: Sean conscientes de la brutal desigualdad social y enfréntenla generando oportunidades, pero también sacrificando una parte de sus derechos y de su patrimonio.

México, país de contrastes.
Hace 200 años el famoso barón de Humboldt dijo. “México es el país de la desigualdad”. Esto sigue siendo cierto.  ¿Será siempre así? ¿De plano no sabemos cómo atemperar la desigualdad?
No siempre ha sido así, y sí sabemos cómo. Entre 1930 y 1970 México fue el país con mayor crecimiento económico en el mundo, millones de ciudadanos se incorporaron a los servicios de educación y de salud, aun a pesar de que el país duplicó su población,  pero su economía creció mucho más.

En los últimos 30 años crecimos menos, padecimos crisis recurrentes y la desigualdad aumentó.  Hoy el 10% de las familias concentra más del 40% del ingreso.
Mi generación falló, la de mis abuelos hizo su tarea.
¿Qué ocurrirá los próximos 40 años?  Ustedes tienen la respuesta.

Las elecciones recientes, última llamada
El 2 de julio más de 40 millones de mexicanos acudieron ordenadamente a depositar su voto.
Si no trabajamos resueltamente por una sociedad menos desigual, en seis años no tendremos elecciones pacíficas.
Fueron necesarios los movimientos radicales de 1810 y de 1910 para despertar a una sociedad arrogante, esclerotizada  y poco sensible a las necesidades populares. ¿Será necesario un movimiento similar en el 2010? Dependerá de la generosidad e inteligencia de la sociedad mexicana.
Las recientes elecciones han mostrado que el cambio viene, que es necesario  e inminente. La pregunta es si será violento o pacífico, si lo encabezará la sociedad civil, o si en su defecto, tendrá que sernos impuesto, en cuyo caso en vez de ser actores, seremos víctimas.
En México tenemos recursos suficientes. Somos uno de los países más ricos, paradójicamente al mismo tiempo,  uno de los países con mayor pobreza: El 4º lugar en desigualdad en América Latina.
¿Qué nos ha faltado?   Nos ha faltado generosidad, inteligencia, audacia, y estar dispuestos a sacrificar una parte de nuestros intereses particulares; inversión inaplazable para conservar la paz social y la seguridad.  Perder la paz social acabará siendo mucho más costoso que sacrificar una parte de nuestros intereses. 

En diferentes momentos de nuestra historia hemos demostrado que sí podemos avanzar hacia una sociedad más justa. Cuando hemos sabido sumar esfuerzos con el adversario en vez de eliminarlo, cuando hemos escuchado con atención    a quienes piensan diferente,   cuando hemos sido generosos en la negociación creativa que sabe limitar el interés legítimo de corto plazo para alcanzar el bien común en el largo plazo.
A propósito de las lecturas de la misa del día de hoy, tomadas del Evangelio y del libro de la Sabiduría, el padre rector nos daba en su homilía una sencilla fórmula para resolver los problemas:
Talentos (que nos dio el Señor) + Sabiduría (la del señor) = soluciones

Esta fórmula me trae a la memoria un hermoso milagro del Señor Jesús a orillas del Lago de Galilea. Todos aquí sabemos bien que 5 panes  y dos peces no son suficientes para dar  de comer a 4 mil personas. Sin embargo el milagro es posible cuando quien tiene los panes  y los peces está dispuesto a prescindir de ellos. El Señor hace el milagro, la generosidad humana en este caso es prerrequisito.
Abrigo la esperanza de que México vive un momento propicio para cambios profundos. Entreguemos pues nuestros panes y nuestros peces y pidamos al Señor su bendición. Hoy el milagro es posible.

Queridos graduados, ahora les toca a ustedes. Es su momento y es ahora

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