Ceremonia de Egresados Primavera 2006
Septiembre, 2006
Estimado señor rector,
distinguidos miembros de la comunidad universitaria: Agradezco al
señor rector su amable y honrosa invitación que me da la oportunidad
de compartir con ustedes algunas reflexiones.
Hace dos años se graduaba mi hija
mayor, entiendo la satisfacción que llena el corazón de los padres de familia
aquí presentes, y comparto sus sentimientos de gratitud.
Ingresé becado
a la Iberoamericana
hace mas de 35 años, aquí conocí a mi esposa. Muy joven comencé a trabajar para
la Universidad ,
mis primeros trabajos los obtuve por las relaciones que cultivé en estas aulas. Imaginarán ustedes lo que significa la Iberoamericana en
mi vida.
Es un orgullo
pertenecer a esta comunidad encabezada por un jesuita de la talla de don José
Morales Orozco.
Permítanme compartir hoy cuatro ideas con ustedes:
La primera: Encuentren lo que les apasiona.
La segunda: Aspiren a una vida sencilla
Tercera: Disfruten la
vida, no se excedan en el trabajo diario,
Cuarta: Sean conscientes de la brutal desigualdad de nuestro
país, y enfréntenla generando oportunidades.
Primera: Encuentren
lo que les apasiona.
Sueñen con
proyectos trascendentes. En una
ceremonia como ésta el año pasado en Stanford, Steve Jobs, el fundador de
Apple decía a los graduados estar
convencido de que había vencido sus problemas,
pérdida de su empresa, humillación pública, cáncer, porque se dedica a lo que le apasiona y en
ese quehacer siempre ha emprendido cosas nuevas.
Segunda: Aspiren a una vida sencilla. Rechacen,
desprecien los ídolos de nuestra época. Hace
unos minutos, al inicio de la celebración eucarística, recordábamos las
palabras del padre general Kolvenbach sobre el peligro del dinero, la fama y el
poder, que se han convertido en el becerro de oro de nuestro tiempo. La
obsesión de la época es
el bienestar económico, el prestigio, el poder, la seguridad. El
demonio de nuestro tiempo nos invita a ser “triunfadores”, a buscar el éxito
social, económico, mundano. Hoy los
ídolos no son de madera o de barro, son más sutiles, pero les entregamos
nuestro corazón y nuestro esfuerzo.
Nunca fue tan necesario como ahora
proclamar la necesidad de volver a una vida sencilla. Una vida sencilla nos dignifica, pero además,
es el único camino para construir una sociedad mas justa. Debemos
igualar hacia abajo, no hacia arriba. No todos pueden aspirar al
dispendio y al lujo.
Me explico, para el 50% de la población, que vive en pobreza, y que recibe menos del 20% del ingreso
nacional, justicia social significa igualar
hacia arriba. Pero para quien tiene más de lo necesario significa igualar hacia abajo.
Y
es que cuando hablamos de justicia social debemos reconocer que el combate al
dispendio es tan importante como el combate a la pobreza, pues éste último no
es eficaz sin aquél, no sólo porque los recursos resultarían siempre
insuficientes, sino porque en la pobreza hay un referente, un contenido
relativo, de contraste, de diferencia. En la medida en que esta diferencia es
mayor la pobreza es más ofensiva, independientemente de su nivel absoluto.
Es necesario denunciar como equivocados y
perniciosos los ídolos de nuestra sociedad. Un estudioso de las Sagradas Escrituras, nos
ofrecía este criterio que no acabo de asimilar, pero me ha puesto a reflexionar
y por ello lo comparto ahora. Va a contrapelo de lo que nos han enseñado. Nos decía:”su testimonio será mejor en la
medida en que cada año su gasto sea menor, sus vacaciones, sus reuniones, su ropa
y su auto, sean más modestos; en la medida en que su propósito sea no el éxito,
sino vivir con plenitud. No aspiren a ser triunfadores
por encima de los demás, busquen ser felices en compañía con los demás. El
éxito y los triunfadores le han hecho mucho daño a nuestra sociedad y a nuestro
corazón”.
Ustedes
encontrarán cómo conciliar la propuesta de abrazar grandes sueños y al mismo
tiempo vivir de manera sencilla.
Tercera: disfruten la vida, en especial la
vida en familia, no se excedan en el trabajo
Muchos
de ustedes se dedicarán obsesivamente al trabajo. Así lo hice yo más de 30
años. Estaba seguro que eso era bueno y
que así le procuraba lo mejor a mi familia. Ahora comprendo que convertí a mi
desarrollo profesional en un ídolo.
Si
hoy me fuera dable empezar de nuevo dedicaría más horas a hacer las tareas
con mis hijos, a perder el tiempo con mi familia en nimiedades, a andar en
bicicleta, a escuchar música, a hacer oración en familia.
Los
más de ustedes formarán una familia, tendrán hijos. Permítanme
comentarles los resultados de una investigación que publicó en junio la Universidad de
Stanford: el factor más poderoso para
desarrollar la capacidad de aprendizaje de un ser humano es el AMOR intenso que recibe en sus
primeros 8 años de vida. Desde
hace mucho se sabe que la autoestima
está relacionada con el afecto que uno recibe, principalmente en su niñez.
Lo
que no sabíamos es que la capacidad de aprendizaje, de matemáticas y lenguas
extranjeras por ejemplo, tiene como
principal ingrediente el intenso amor de los padres.
Podrás dedicar 14 horas al trabajo diario y
decir que lo haces por tu familia. A
veces será necesario, es cierto. Pero las más de las veces sería mejor tu
compañía amable que el ingreso adicional que llevas a casa.
Trabajar
con fervor y con dedicación, desde luego. San Pablo decía “el que no trabaja
que no coma”, pero NO trabajar de manera compulsiva.
Un
viejo amigo, a quien podríamos juzgar como muy exitoso según los estándares de
nuestra sociedad, me confesaba al jubilarse a los 65 años de edad: “Puse mi
corazón en las cosas que se mueren, y se han muerto para no volver; no le puedo
dar la vuelta atrás; tarde me di cuenta
que la vida se me había ido mientras yo
trabajaba 14 horas diarias. No hay éxito que compense perder la infancia
o la adolescencia de tus hijos”.
Y
es que el éxito que debemos buscar es más bien el que se mide en función de qué
haces con tu tiempo y cómo impactas la vida de otros.
Cuarta: Sean conscientes de la brutal
desigualdad social y enfréntenla generando oportunidades, pero también
sacrificando una parte de sus derechos y de su patrimonio.
México, país de contrastes.
Hace
200 años el famoso barón de Humboldt dijo. “México es el país de la
desigualdad”. Esto sigue siendo cierto.
¿Será siempre así? ¿De plano no sabemos cómo atemperar la desigualdad?
No
siempre ha sido así, y sí sabemos cómo. Entre 1930 y 1970 México fue el
país con mayor crecimiento económico en el mundo, millones de ciudadanos se
incorporaron a los servicios de educación y de salud, aun a pesar de que el
país duplicó su población, pero su
economía creció mucho más.
En
los últimos 30 años crecimos menos, padecimos crisis recurrentes y la
desigualdad aumentó. Hoy el 10% de las
familias concentra más del 40% del ingreso.
Mi generación falló, la de mis abuelos
hizo su tarea.
¿Qué
ocurrirá los próximos 40 años? Ustedes
tienen la respuesta.
Las
elecciones recientes, última llamada
El
2 de julio más de 40 millones de mexicanos acudieron ordenadamente a depositar
su voto.
Si
no trabajamos resueltamente por una sociedad menos desigual, en seis años no
tendremos elecciones pacíficas.
Fueron
necesarios los movimientos radicales de
1810 y de 1910 para despertar a una sociedad arrogante, esclerotizada y poco sensible a las necesidades populares.
¿Será necesario un movimiento similar en el 2010? Dependerá de la generosidad e
inteligencia de la sociedad mexicana.
Las recientes elecciones han mostrado
que el cambio viene, que es necesario e
inminente. La pregunta es si será violento o pacífico, si lo encabezará la
sociedad civil, o si en su defecto, tendrá que sernos impuesto, en cuyo caso en
vez de ser actores, seremos víctimas.
En
México tenemos recursos suficientes. Somos uno de los países más ricos,
paradójicamente al mismo tiempo, uno de
los países con mayor pobreza: El 4º lugar en desigualdad en América Latina.
¿Qué nos ha faltado? Nos ha faltado generosidad,
inteligencia, audacia, y estar dispuestos a sacrificar una parte de nuestros
intereses particulares; inversión inaplazable
para conservar la paz social y la seguridad. Perder la paz social acabará siendo mucho más costoso que
sacrificar una parte de nuestros intereses.
En
diferentes momentos de nuestra historia hemos demostrado que sí podemos avanzar
hacia una sociedad más justa. Cuando hemos sabido sumar esfuerzos con el adversario en vez de eliminarlo, cuando hemos
escuchado con atención a quienes
piensan diferente, cuando hemos sido
generosos en la negociación creativa que sabe limitar el interés legítimo
de corto plazo para alcanzar el bien común en el largo plazo.
A
propósito de las lecturas de la misa del día de hoy, tomadas del Evangelio y
del libro de la Sabiduría ,
el padre rector nos daba en su homilía una sencilla fórmula para resolver los
problemas:
Talentos
(que nos dio el Señor) + Sabiduría (la del señor) = soluciones
Esta
fórmula me trae a la memoria un hermoso milagro del Señor Jesús a orillas del
Lago de Galilea. Todos aquí sabemos bien que 5 panes y dos peces no son suficientes para dar de comer a 4 mil personas. Sin embargo el
milagro es posible cuando quien tiene los panes
y los peces está dispuesto a prescindir de ellos. El Señor hace el
milagro, la generosidad humana en este caso es prerrequisito.
Abrigo
la esperanza de que México vive un momento propicio para cambios profundos.
Entreguemos pues nuestros panes y nuestros peces y pidamos al Señor su
bendición. Hoy el milagro es posible.
Queridos graduados, ahora les toca a
ustedes. Es su momento y es ahora
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